Planeta blanco

El dióxido de carbono de la atmósfera se congela para formar el casquete polar y la capucha polar, una bruma que levita sobre el polo en invierno. Al llegar la primavera se funde y entonces aparece otro en el hemisferio opuesto. Debajo de esta envoltura estacional se encuentra otra permanente, que se mantiene incluso durante el verano y que, por lo menos en el polo Norte, está hecha de hielo.

El Polo Norte, más grande que el Sur, tiene 1.000 km de largo y está hecho de agua congelada y hielo seco, hielo de CO2. Las bandas oscuras concéntricas son cañones libres de nieve cuyo origen se desconoce. Una de ellas, Chasma Boreale, el Cañón del Norte, casi parte el casquete en dos.

En las zonas polares marcianas hay unas bandas oscuras de cientos de kilómetros de largo y varias decenas de metros de espesor formadas por polvo e intercaladas entre el hielo (los depósitos estratificados polares), que plantean si Marte está atravesando una glaciación “pasajera” como las de la Tierra o si está sumido en una glaciación permanente.

Gran parte del agua que corrió por Marte se encuentra congelada a pocos metros por debajo de la superficie, el permafrost.

La existencia de enormes morrenas en el Ecuador con una extensión de casi la mitad de España, implica que el eje de rotación del planeta ha sufrido un vuelco importante hace 4 ó 5 millones de años. Esto supone que Marte puede experimentar variaciones climáticas mucho más bruscas que las de la Tierra.

El clima de Marte está cambiando y se piensa que ahora se encuentra en una época interglaciar que habría comenzado hace 300.000 años.

Si hubiéramos tenido antepasados mirando el cielo hace 400.000 años no se hubieran encontrado con un planeta rojo, sino blanco: una capa de nieve cubriría casi todo el planeta.