Crónicas marcianas

El problema de la colonización marciana se encuentra en desarrollar las habilidades necesarias para utilizar los recursos marcianos, en que la colonia sea autosuficiente: agricultura, minería, cerámica, metalurgia, industria del vidrio y del plástico...

Sin duda los comienzos serán duros, y los astronautas, los primeros marcianos, se irán quedando en el planeta tiempos cada vez más largos: cuatro años, después seis..., viviendo en las primeras bases permanentes establecidas en otro cuerpo del Sistema Solar: domos de 50 metros de diámetro construidos con plásticos como el Kevlar o el Spectra.

Plantas modificadas genéticamente para adaptarse al nivel de dióxido de carbono marciano (el 95% de la atmósfera) serán los primeros seres vivos no humanos que llevaremos. Y éste es un paso crucial. Freeman Dyson, uno de los científicos más grandes e imaginativos del siglo XX, ha llamado la atención sobre este hecho: la expansión del ser humano por el espacio depende radicalmente de la biología. Los avances biotecnológicos son los que van a marcar el ritmo y la capacidad de viajar por el espacio: “cualquier programa de exploración tripulada debe estar centrada en la biología”.

Más preocupante aún es el comportamiento del componente principal de la misión: el ser humano. ¿Cómo funciona la psicología en una expedición de estas características? Si te enfadas en la Tierra puedes dar un portazo y marcharte pero, ¿y en Marte? ¿Cómo afecta el viaje espacial a la sexualidad humana? ¿Y la alimentación? ¿Quién está dispuesto a alimentarse durante cinco años con ‘comida de astronautas’?